¡Hola pelones! ¿Qué tal estamos? Yo, agotado.
Después de semana y media de universidad me faltan fuerzas por todos lados. Pero. ¿sabéis qué? Sarna con gusto no pica, como bien dicen.
Estoy comprobando que la rutina cuesta casi tanto como me imaginaba. Pero me levanto con una sonrisa por las mañanas que no es normal. Me encanta saber que el despertador va a sonar y que me toca ir a hacer algo productivo.
Aunque también es cierto que estos días han sido jornadas de contraste. Quizás por el cansancio que me estaba pesando demasiado, o por verme tan cerca del final. Quizás por los miedos que me había empeñado en no reconocer, o quizás, porque las cosas simplemente pasan.
Me he obsesionado en querer escuchar tanto a mi cuerpo que puede que quiera tenerme "demasiado" controlado.
El caso es que el martes por la tarde, después de no encontrarme a tope, ni física ni mentalmente, desde hacía algunos días, me fui al hospital, directo a la planta de hematología.
Allí estaban mis mujeres, y además, mi SuperDoctora Martín.
Puse el brazo para que, por favor, me sacaran una analítica y no me fallaron. Todo estaba en orden. Lo que me había estado fallando los últimos días era la cabeza. Sí. Ansiedad, miedo, y un poquito más de ansiedad. Sólo eso explica que haya sido capaz de somatizar sensaciones que no podía tener. Sólo el llegar al hospital me alivió los síntomas de malestar, y el sentirme arropado por el pedazo de equipo del HUPA incluso hizo que me encontrase bien, fuerte y con energías renovadas.
Antes de que saliese del hospital habían llegado mis amigos, que ellos tampoco fallan. Y Sara. Estaban con mi madre. Mi tío llamándome por el móvil. En fin, en poco tiempo, otra gran demostración de los míos.
Antes de que saliese del hospital habían llegado mis amigos, que ellos tampoco fallan. Y Sara. Estaban con mi madre. Mi tío llamándome por el móvil. En fin, en poco tiempo, otra gran demostración de los míos.
Mañana sigue programada la consulta de rutina que me tocaba, y nos aproximamos al final del mes. No sé lo que me deparará, aunque si sé que debo concienciarme de que la punción de fin de tratamiento está al caer. Sabéis lo que odio pensar que me están esperando con "la estaca". Pero es lo que toca. Y luego a ser muy positivos y pensar en muchos ceros.
Siempre he dicho que esta enfermedad era un 50% cabeza, un 40% medicación y un 10% suerte. He vuelto a ponerme las pilas, he vuelto intentar darlo todo en ese 50% que creo poder poner de mi parte. Lo de estos días va a quedar en un simple punto de inflexión. Simple, pero a la vez muy importante.
Por si casualidad os veis en una situación parecida, recordad lo que dijo Aristóteles: "¡¡¡CON DOS COJONES!!!".
Y muchos besos y rutina para todos, ¡pedazo de pelones! :)
Por cierto, mirad que pedazo de vídeo, ¿qué? ¿qué no renueva las fuerzas?
